Un Informe de la ONU llama a cambiar la dieta mundial para hacer frente al cambio climático

La producción de alimentos supone el 23% de los gases responsables del cambio climático.

No hace mucho el panel de expertos de la ONU recibió el encargo de evaluar la relación entre el uso del suelo y el calentamiento global de la Tierra. Los resultados de esta investigación ya se han presentado y la conclusión principal es que debemos cambiar la manera en la que producimos los alimentos.

La razón por la que deberíamos realizar este cambio, según muestra el estudio de la ONU, es que la producción de alimentos supone el 23% de los gases responsables del cambio climático. Por lo tanto, no es suficiente con aplicar medidas a la producción de energía en centrales eléctricas o motores de los vehículos. Ni basta con transformarse en eólico y solar.

Los expertos detrás de este informe, han calculado que la emisiones producidas por la industria de la alimentación llegan hasta las 11 gigatoneladas de gases a la atmósfera ¿Y de dónde provienen estas 11.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero? Surgen de las prácticas agrícolas, el cambio en el uso del suelo, el almacenamiento, transporte, procesamiento, empaquetado y consumo de los productos. También cabe destacar el cambio de rol que ha sufrido el suelo, ha pasado de ser un sumidero a ser un emisor de estos gases. 

¿Cuál es la propuesta?

Los científicos piden que las dietas se enfoquen hacia algo más saludable e incorporemos alimentos como los cereales, legumbres, verduras, frutos secos y semillas en nuestro día a día. Uno de los coordinadores de este informe, Jim Skea, ha recalcado que no están recomendando una dieta a la gente. “Señalamos que, según la evidencia científica, hay dietas que tienen una menor huella de carbono”, esto es, tienen un menor impacto climático. 

Uno de los puntos más sensibles del informe tiene que ver con la carne y su consumo y producción. No piden que se deje de consumir carne, pero sí piden que la producción sea con métodos de producción que permitan un uso “menos intensivo” de energía. El panel expone y diferencia entre dos métodos de producción cárnica: las intensivas y las extensivas. El primero utiliza más agua y más electricidad que el segundo. Mientras que, las extensivas, por el contrario, precisan más terreno. Los expertos señalan la dificultad de obtener el mismo volumen de productos animales con técnicas más extensivas. Por tanto, consumir productos animales obtenidos con sistemas que usen menos energía y sean más amables con el medioambiente, como pide el panel, implica un consumo más responsable y moderado de carne. 

Reducir el impacto y el desperdicio

Los expertos consideran que estos cambios pueden llegar a evitar que se lancen entre 1,8 y 3,5 gigatoneladas de CO2 a la atmósfera. Otro de los factores que destacan, frenar el desperdicio de comida. En 2018 el 84% de los alimentos (1.339 millones de toneladas solamente en España) que se desperdiciaron en los hogares ni siquiera habían sido cocinados, fueron directamente de la nevera a la basura.

Al reducir el desperdicio de alimentos también se reduce la necesidad de consumir más lo que contribuye a rebajar la expansión de tierras dedicadas a la producción. Los científicos han estimado que un tercio de los alimentos que se producen a nivel global terminan desperdiciados. Lo que supone contribuir en vano al efecto invernadero.

En conclusión, debemos ser más responsables con nuestros hábitos de consumo de alimentos, evitar el desperdicio y tratar de reducir el impacto que sobre el planeta.

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